Columna de Yago Di Nella
Fue Enrique Saforcada quien me convenció café de por medio, en “Las Violetas”, sobre la necesidad de hablar de “lo mental” desde una visión sanitarista.
Corría el año 2006. Ver “lo mental” como campo de la salud pública, es de hecho, una observación del sanitarismo. Trabajaba en ese tiempo en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y mis vínculos con JCDL y, consecuentemente, la cercanía con Emilio García Méndez, me habían expulsado del tema por el cual me habían pedido ahí: integrar un equipo para promover la nueva legalidad en materia de infancia. Sin rajarme, porque no era posible, me vaciaron y corrieron a un costado. Fue ahí donde con otros marginados, sutilmente, ideamos y escribimos sobre un programa interministerial e intersectorial de salud mental y derechos humanos… Prendió tanto y tan rápido, que terminó cual roscazo en la nuca en l@s decisores (no vale la pena hacer leña del árbol caído, por eso los dejo en el anonimato).
Como verán, el trabajito éste que lo secundó, no sigue mucho mi estilo prosaico -más salvaje y, por cierto, impertinente-, pero no hubiera pasado la censura. Y ya venía medio censurado, así que valía la pena cuidar la labia. Sepan disculpar, por tanto, el cuidado en las afirmaciones tajantes y el exceso de frases contemplativas y reverentes.
Abrazos.
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El enfoque de lo mental en la salud: su aporte a las políticas públicas