Despatologizando la infancia

Hoy un pibito como Di María seguramente estaría medicado como TGD, TEA o con cualquier otra sigla armada por los laboratorios.

Pasteado, discriminado, estigmatizado, apartado del resto, enfermado por distinto, no sería sino un “pobre niño discapacitado”. Pero esa carga la pone la ciencia, no la vida.

Angelito fue otra cosa porque la familia no se lo creyó y porque dio con profesionales que no se habían vendido al mercado de la psicofarmacología.

El problema de angelito, no era él, ni su hiperactividad, eran las instancias institucionales que no soportaban verlo y acompañarlo en su diversidad comportamental.

Ahora lo sabemos, porque en su caso (equipos prof. y familia) no se comieron el confite envenenado de la patologización de la infancia.

Otros angelitos no tienen esa suerte y cargan con el estigma de ser diversos, de no informarse, de no ser como los demás.

De ahí esta idea de REFLEXIONAR sobre este asunto muy profundamente y revisar los diagnósticos y pronósticos desde un lugar distinto al del mercado psi.

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