LAS PSEUDO-REFORMAS EN SALUD MENTAL: ¿cambiar el nombre al asilo para que deje de serlo?

Hace poco escribí unas líneas sobre la trampa de las reformas que no lo son, en referencia a la Colonia Montes de Oca. (el link: https://www.yagodinella.ar/…/despabellonizar-no-es…/ )

Hay muchas trampas, que esconden la renuncia del Estado a implementar la ley 26657, vigente, pero no aplicada. En los próximos días terminamos de corregir y enviamos a imprenta un libro sobre este tema (“Inclusión Mental 3: ¿por qué no se implementa la ley 26657?“), el cual en unas semanas tendremos entre nosotros.

Una vieja-nueva trampuela, que abajo se analiza, es cambiarle el nombre al hospicio, para decir que ya no lo es. Dentro sigue todo igual, a pesar del rimbombante nombre elegido. La ley de SM dice que hay que cerrarlos, no modernizarlos, incluyendo un título nobiliario en la puerta del asilo, con más onda. Hacer un pequeño barrio de casitas dentro del asilo no es comunitarizar, es hacer un “gueto de locos” dentro del predio de un loquero, a lo sumo podríamos hablar de despabellonizar. No es lo que dice la ley: “SUSTITUIR” es el verbo.

Mercedes Rattagan me ha ayudado por años a pensar estos temas y por eso la convoqué a prologar mi libro, pero hoy indignada, cansada, harta, publicó esto que les copio abajo. Es como un adelanto a ese prólogo que pronto tendremos entre nosotros y les recomiendo encarecidamente.

Acá su reflexión:

Dice Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa, Congreso de la Nación, 1 de marzo 2023“…Debemos generar las condiciones para que tengan lugar todas las formas de vida, de habitar este mundo.

Por eso, queremos destacar las obras que actualmente se están llevando a cabo en la Colonia Nacional Montes de Oca, destinadas a generar dispositivos que garanticen la dignidad y la autonomía de las personas que allí residen. Esto significa un claro y definitivo avance en la superación del Modelo Asilar, enmarcado a su vezen lo que establece la Ley Nacional de Salud Mental y la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad….” Además, será acompañado por un necesario cambio de nombre de dicha institución, la cual pasará a llamarse Hospital y Comunidad Ramón Carrillo.

Ley 26657, Capitulo VII, articulo 27 “Queda prohibida por la presente ley la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalente…en caso de los ya existentes se deben adaptar a los principios y objetivos expuestos hasta su sustitución definitiva. “

Convención Internacional de las personas con discapacidad: “Preámbulo, punto e) Reconociendo que la discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barraras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con las demás”

Es de destacar la importancia que el tema de la salud mental, tan vapuleada históricamente, pueda estar en la agenda política, ya que influye en la vida de nuestra población, en especial de tiempos de tsunami neoliberal. Hemos clamado muchxs y durante bastante tiempo para que esto sea posible, conscientes de la importancia e impacto que generaría en la población. Con el discurso del presidente Alberto Fernández, el 1 de marzo, y su mención al trabajo realizado en el campo de la salud mental, logramos verificar que por fin esta área históricamente olvidada o renegada, figura dentro de las políticas públicas , de manera de poder alcanzar las respuestas que nuestra población está necesitando.

Sin embargo, es de observar con preocupación, cómo hasta la fecha se sigue interpretando la legislación con la mirada de viejos paradigmas, aquellos que no por viejos, dejan de formar a las nuevas generaciones.

Cuando hablamos de la ley 26657 de la tan mentada “desmanicomialización” estamos haciendo referencia a la incorporación de los derechos humanos en el campo de la salud mental, tan violados desde teorías y prácticas. Estamos hablando de un fuerte cuestionamiento a la salud publica tradicional, a la enfermología pública, con una mirada tan sesgada, medicalizadora, biologicista, descontextualizada, con enfoque de “órgano” centrada en la enfermedad y la muerte, que solo aborda el sufrimiento desde la perspectiva biologicista, pivoteada en un solo saber, determinista, lineal, reducida , positivista, que sólo logra ceguera ante las verdaderas causas de enfermar de nuestra población.

Pensar en la aplicación de la ley implica pensar el sufrimiento humano historizado, contextualizado, propio de un contexto, que requiere incluir todas las variables que lo desencadenaron para lograr integrar a esa persona en la sociedad, en su vida, en su contexto “barajando y dando de nuevo”, como otra oportunidad de lidiar con ese dolor, con su historia, encontrándole un sentido y buscando una salida colectiva. Jamás lo pensamos por fuera de su determinación social, jamás podemos pensarlo como “determinantes de riesgo” sino como efecto de complejas intersecciones.

Muy lejos de este pensamiento está el encierro, el aislamiento, aunque se “vista de fiesta y colores” y se lo denomine “Comunidad Ramon Carrillo”, siempre estará por fuera de su comunidad, del lugar donde se vive, en su territorio, el escenario donde pulsa su vida, encontrándole un sentido compartido con muchxs otrxs, donde se sana y recupera. Aislado del conjunto, discriminado, tutelado, por fuera de su cuerpo social e imposibilitando que la sociedad en su conjunto logre incorporar a sus miembros y permita hacerse cargo de la construcción de ese sujeto en sufrimiento.

Parafraseando a Silvia Bleichmar (2006) “el abandono del semejante es siempre muerte de una parte de uno mismo”, por lo que su inclusión en la comunidad implica un proceso de sanación social. Toda esta mirada es posible registrarla, por un lado, si unx no quedo atrapadx en lo que Juan Antonio Aguilar, analista político y militar español refiere como “guerra cognitiva”, otros autores lo denominan colonialismo epistemologico, o escamoteo de las palabras, modificación de sentidos, etc, tan frecuente en el mundo entero, modificando y tergiversando el sentido original de las cosas y palabras y construyendo subjetividades permeables a esa inversión.

Por otro lado, también se requiere contar con otras categorías que permiten darles un sentido diferente a los problemas de salud/enfermedad, encontrando otras maneras, estrategias que logren mejorar la salud y generar mayor felicidad en la población.

De allí que se mencionan palabras, decires, frases, pero el sentido que se les da es muy diferente al que plantea nuestra ley de salud mental 26657, que nos exige un giro copernicano paradigmático que aún no se ha logrado, por eso hoy podemos escuchar “plena implementación de la ley” cuando en realidad se está repitiendo viejos modelos, asilares, tutelares que no dejan de hacer lo mismo cambiando el estuche “nuevas tinajas de un vino muy añejo”.

Marzo 2023

Mercedes Rattagan

DESPABELLONIZAR NO ES INCLUIR, NI ES DEMANICOMIALIZAR

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