En el Día de la Psicología Social.
Practico la técnica de grupos operativos en comunidades y en instituciones desde incluso antes de recibirme como Lic. en Psicología. Hace 30 años a la fecha, la grupalidad me constituye profesionalmente y me ha permitido un ejercicio profesional más complejo, más integral, algo más creativo y mucho más divertido, infinitamente.
Desde hace casi 8 años hago grupos operativos con presos condenados por delitos graves, dentro de una cárcel. Actualmente me encuentro escribiendo sobre esa experiencia.
En todo ese tiempo, desde entonces a la fecha, me han dicho que “no se puede” o que “no va a funcionar“. Desde dentro de la profesión tanto como desde afuera, me han insistido en que “esto no es Noruega o Suecia“, justifican en que “no dan las condiciones” y repiten tantas sentencias negacionistas de la grupalidad cual “verdades“, autoasumidas como dogma irrefutables. Verdades reveladas que chocan con la realidad operante, como diría alguien de quien les hablaré.
Se trata de sentencias derrotistas expresadas por personas que no lo hicieron ni intentaron nunca. Aseveraciones resignadas que fueron refutadas por una serie inconmensurable de experiencias que vence los presagios de fracasos y las resistencia al cambio.
Mi -supuesta- expertise no es tal, es solamente haber aceptado el desafío pichoniano de:
- poner el cuerpo (siempre va esto delante y en primer lugar);
- aceptar un modesto rol de coordinar y facilitar sin liderar (herida narcisística mediante);
- estudiar mucho sobre grupalidad, pues no es un contenido usual en la formación de grado, mucho menos su practicantado…;
- grupalizarse unx también, porque de lo contrario no funciona… (la coordinación de grupos presupone la capacidad para grupalizarse);
- disponerse a crear el dispositivo, ajustarlo todo el tiempo, supervisarlo;
- acompañarlo de otras lecturas que profundicen sobre los avatares de la práctica;
- escribir sobre lo ocurrido y así, volver a pensar y repensarlo hasta que duela.
Hacer pichonismo es eso, disponerse. Gracias Pichón Rivière porque en tu desobediencia, vive la mía (y la de tantos y tantas más).
Y la transmito y resignifico a quienes me rodean con la pasión que nos legaste.
El “no se puede” se lo tienen que meter bien en traste.
Las personas se agrupan y comparten un espacio terapéutico de palabra y reflexión inclusive en escenarios tétricos como una institución total. Ya lo había vivido y vivenciado en el Hospital neuropsiquiátrico de Melchor Romero allá por medias de los años 90 del siglo pasado. El grupo, contiene, alberga, disuade, expresa, resiste, conmueve, asocia, persiste.
Ellos viven en el vínculo y son, también, en el intercambio grupal. Mirá que no van poder porque estén viviendo en una institución total. Claro que pueden!
Los que no pueden son los que no toleran esa emergencia vívida de la SUBJETIVIDAD situada, arrasada por el encierro prolongado o inclusive indefinido. Es mucho más complejo, arduo y difícil para quien coordina esos grupos para sus participantes. Por eso se niegan; no por imposibilidad instrumental.
La creación de un dispositivo de escucha múltiple tiene una especificidad tal, que ningún otro artificio provee. No reemplaza a otros artificios de la clínica, pero también es irremplazable. Quienes se niegan a la grupalidad constituyente en la construcción de programas o dispositivos tratamentales, renuncian ellos a una dimensión del abordaje que no tendrá suplencia ni complementariedad en ninguna otra técnica.
La realidad operante no renuncia a la grupalidad como instrumento, nunca; quien lo hace, el decisor o decisora, es aquella persona que se niega al dispositivo grupal como artificio y herramienta clínica insustituible, sobre todo en espacios institucionales y/o comunitarios de opresión.

Después de todo, fue él quien nos enseñó que la grupalidad también es el principal antídoto frente a la tristeza, la desesperanza y la resignación.
Les dejo un breve texto de Ana María Fernandez
Vaya mi homenaje a estos seres indispensables en todo equipo: (Tomado de Grimberg)
☆Felíz día de la Psicología Social☆ Pichoneano por deseo y por destino.
“Pichón-Riviére más que inventor de los grupos operativos fue –al decir de J.C. De Brassi- un desviante Institucional ¿A qué vamos a las Instituciones? Pichón decía “a armar quilombo”. Es decir, a crear condiciones de posibilidad para que lo silenciado tenga palabra.
A crear condiciones y no poner nuestra palabra: Sólo así los grupos, las instituciones, los colectivos escribirán sus propias historias.
No vamos a las Instituciones a llevar verdades que sus actores no han descubierto, sino a crear condiciones para que los colectivos encuentren sus deseos de transformación; algunos no los encontrarán, otros no los querrán.
Ser “agente de cambio” (como decía Pichón) no es instituirse en vanguardia;
es tener la certidumbre que a veces un dispositivo de escucha puede hacer posible que ese colectivo reformule sus agenciamientos de deseo y (de lo siniestro a lo maravilloso) encuentre nuevos modos de articular sus deseos y sus historias, es decir invente sus políticas.”
ANA MARÍA FERNANDEZ
(Fragmento del Seminario dictado en la Universidad Madres de la Plaza en Febrero del 2000)

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