Columna de Yago Di Nella. Corría un sábado como otros del año 2000. Aún estaban las torres gemelas ahí y no habían vuelto a darle el poder a Cavallo. Aún… Pero gobernaba la provincia de Buenos Aires el cavernícola de Ruckauf. Y no gobernaba el país el presidente “de la Duda”, pero figuraba a cargo del poder ejecutivo, así, con minúscula.
Era día del curso de formación de operadores comunitarios. En ese tiempo, como todos los días (salvo que mediara ataque de gota, lo único que lo detenía) me llama Juan Carlos Domínguez Lostaló 8 am en punto.
Siempre lo hacía para acordar lo por hacer, era prudente y exacto con la hora. La única excepción, los domingos. Pero era sábado. Llama, y dice -lo recuerdo como si fuera hoy-: no llego a la clase, tomala vos.
YDN: – ¿Qué toca hoy? -le retruco aún algo dormido-.
JCD: – Grupalidad, vos podés.
YDN: – Bueno, pero me siento afiebrado, creo que me engripé.
JCD: – Date una ducha y andá, no dejes colgados a los pibes.
YDN: – Bue, le voy a pedir a Belén que me dé una mano.
JCD: – Sí, más vale. A ella ya le avisé.
Salió esto que anexo…
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La grupalidad como eje constituyente del trabajo comunitario