Hay un grupo selecto de personas -no sé cuan numeroso- que se han acostumbrado a ser maltratadas o destratadas, que fueron o son desatendidas y ninguneadas a lo largo de su vida. Llegaron por momentos a creer que no podrían conocer otro tipo de vínculos, aunque siempre sueñan con lograrlo en algún afortunado momento futuro.
Bien, cuando se encuentran con alguien diverso y reciben buen trato reaccionan -consecuentemente- desconfiando. Preguntan y se preguntan insistentemente “por qué…”. nunca le son suficientes las respuestas. No es creíble nada que se argumente, siempre será desconfiable (por definición). Ya veremos por qué…
Durante el proceso, se enroscan, dan giros serpenteriles en torno a “no puede ser…”, buscan causas y motivaciones para desconfiar. No pueden soportar el buen trato como merecimiento. De algún modo -lamentablemente- se han creído el cuento de que no lo merecen. Y, como todos los seres humanos sobre la tierra, el buen trato no se merece, se practica, se ejerce y -potencialmente- se acepta, sin tanto interrogante.
Dudan, buscan casi desesperadamente la “razón mezquina” y especulan todo tipo de circunstancias malignas. No pueden creer merecer un cariño desinteresado, desentendido de la búsqueda de ventajas.
Entonces, fruto de la imaginería, de la elucubración con pistas (falsas, por supuesto), con señales esquivas y poco concretas, y sobre todo- en la angustiante necesidad de salirse del entuerto de ser bien cuidada, la persona así constituida, finalmente logra construir un mal una negatividad cualquiera. Esto alivia a estas personas, las pacifica y se alojan allí casi con la tranquilidad de haber cerrado una puerta a la incertidumbre, una apertura a un modo nuevo de vincularse con otro ser, sin aprietes, sin maltratos, sin persecuciones, ni torturas.
Dirá entonces: Más vale maltrato conocido que libertad por explorar. Volverán entonces a la consabida y manejable relación del maltrato, porque es donde han sabido moverse toda su vida. Y se les verá aliviadas, equilibradas en el sentimiento del destrato como modo de relación.
Triste, la verdad, porque después de todo “es mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Del malo ya conoce, pero el bueno le puede desilusionar (eventualmente, claro). Y concluirá… “eso duele mucho más… que soportar el maltrato”
La libertad tiene costo y la incertidumbre es una pieza nodal de la misma. No es el caso de las personas que eligen volver a la certidumbre de lo conocido. No me refiero con ello a las personas que, trágicamente, no tienen opcíón o no tienen los vínculos disponibles para ver que las hay. Para estas personas, toda mi solidaridad. Pero no me referí con estas líneas a este otro contexto. Estuve pensando a las personas que reculan cuando -habiendo logrado salirse del vínculo de posesión y ya logran ver su toxicidad- huelen que es posible otra forma de relacionarse sin ataduras y sin ser -justamente- posesión y no lo soportan. Una lástima cuando ello ocurre porque llegaron hasta la puerta y se volvieron.
Y acá viene por qué les comparto a todos mis contactos estas modestas líneas: Hay que animarles a crecer y avanzar, ayudemos a que se animen a relacionarse sin creer que lo mejor que les puede pasar es ser poseídos.
PD1: Páseles “el miedo a la libertad” de Erich Fromm
PD2: esta reflexión no pretende distinguir géneros, pues puede acontecer a cualquiera, aún asumiendo que la historia reciente indica que se es más cruel y hay mas maltrato con las personas más débiles y sometibles, sabiendo por donde pasa eso en nuestro contexto social.
PD3: No aludo a nadie en especial, a no sentirse implicada persona alguna en tono singular. Es una reflexión general después de más de 20 años de profesión en contextos de violencia en las relaciones humanas.
MÁS SOBRE ESTE TEMA ACÁ: https://www.yagodinella.ar/blog/2022/08/04/el-machismo-y-sus-sostenes/