OPERAR ES VINCULAR

1) Una tristeza compartida

es la mitad de la tristeza.

Una alegría compartida

es el doble de alegría.

2) Un problema común compartido

es una necesidad sentida.

Un encuentro fraterno

es un vínculo solidario.

3) Un recurso personal compartido

es un vehículo constructor vincular

de sentimiento de comunidad.

4) Un proyecto compartido

es un utopía colectiva.

Agrúpense!

23 DE ABRIL DE 2022

GOBIERNO DE REUNIONES PROTOCOLARES

No tienen nada para anunciar, y quieren decir que hacen algo, entonces anuncian que se juntan con alguien “para articular”…

No hablo de nadie en especial.

Es un nuevo estilo de comunicar la (no-)política pública.

Cuando falta gestión, no hay proyectos transformadores en serio, ni tienen otro fin que perdurar en el cargo, sobran anuncios de reuniones y encuentros protocolares.

Un asco. Y una lástima… pasar así por la función pública, sin dejar nada, mediocremente.

No sé cómo lo hacen y siguen tranquilos como si nada. A mí me hervía la sangre perder un día, siquiera.

Una sola vez fui funcionario, y era para sacar la ley nacional de salud mental. Ya tenía avisada a mí familia que si no lo logramos me iba del país por la derrota, pues sería un Fracaso inlevantable.

Yo me moría de vergüenza si no lograba lo que fuimos a buscar. Una vez que acepté, luego de negarme un poco, ya estaba jugado. Era a todo o nada.

Me pusieron ahí para empujar un proyecto de ley que era un PROYECTO COLECTIVO y todos los días trabajábamos para convencer a todes los demás, sobre su necesidad imperiosa. Y recorrimos el país hablando y hablando. Juntando voluntades y votos congresales. Me la jugué y lo intenté.

Me concentré en tener un equipo que me ayudara, supiera y me contuviera. Pares guerreros, feroces, comprometidos, incansables.

Vivi en zozobra esos meses. Lo padecí mucho. Aún siendo una aventura increíble. Del otro lado jugaban fuerte. Las corporaciones y los laboratorios tenían plata, más influencias, mejores recursos, eran de élite y se manejaban bien ese ese ámbito. Pero no tenían razón. Y esa era nuestra dulce certeza, para ser más tozudos aún.

Nosotros teníamos casi todas las universidades, las organizaciones profesionales interdisciplinarias, las madres y las abuelas, el CELS, y a los grupos de familiares y ex-pacientes. Pero además un gobierno centrado en la ampliación de derechos, jugado en recuperar terreno al neoliberalismo y que no titubeaba. Al menos en una buena medida de su enorme y complejo aparato de decisión.

Personalmente me convenció de dar esa pelea el simple acto de un tipo que no conocía, que demostró estar al mando y ejercer el rol cuando le ordenó al jefe del ejército bajar los cuadros de los genocidas de un espacio donde los conmemoraban. Y por ese acto (y, algunos otros como las AFJP, remedios para los viejos, los juicios de MVJ e YPF) supe que era en serio.

Y tuve amigos de fierro que me sostuvieron y me hicieron la segunda. Peleamos esa batalla a la par y nos fuimos cuando el objetivo se cumplió, no porque no hubiera más para hacer, sino porque ya no querían seguir. Al menos no con nosotros. No me quejo. Estuvo bien. Nuestra utopía era esa: sacar la ley y poner a funcionar la autoridad de aplicación de la misma.

No me quiero ubicar por esa anécdota en el lugar del ejemplo. No me interesa tampoco. Sólo relato una época en la cual había objetivos trascendentes. Donde soñar una utopía gubernamental y ejecutar un plan de gestión consecuente iban de la mano.

Casi nadie jugaba a durar y se notaba enseguida si ocurría. Su destino era la exclusión, primero. Luego el olvido.

Me llama la atención entonces este momento sin objetivos de trascendencia. Sin otro afán que durar.

Lo veo en todos los niveles del Estado. Hay excepciones seguramente.

Y veo que quienes no se prenden y siguen en el viejo modo hacen la diferencia. Se dejan ver, se hacen notar. Lo ven como sapos de otro pozo, como seres diste mocos, añejos, románticos, principistas, raras personas que no son de este momento. Y los acomodaticios miran con odio. Es el caso del secretario de comercio interior, por ejemplo.

El tipo tiene la más dura de las batallas porque lucha contra el núcleo del neoliberalismo más concentrado, que quiere llevarse toda la tarasca del crecimiento actual postpandemia, y no tiene siquiera un gobierno que quiera acompañarlo en forma de bloque compacto. Ni mucho menos, porque hasta patean para el lado de los que tienen esa extraordinaria renta, como el caso del ministro de agricultura.

Me imagino que todos los días se debe plantear cómo seguir en ese contexto. En otro sentido y sin comparaciones, puedo verlo como analogía en un aspecto, uno sólo, pues me tocó trabajar en un escenario donde mí ministro (de salud) estaba más afín a los laboratorios y las corporaciones y no quería la ley, o al menos no le interesaba que saliera, porque era receptivo de las presiones sectoriales.

Es una vivencia horrible. Tu jefe directo quiere que te vaya mal, en privado te lo hace saber, mientras en público caretea apoyo, te abraza y te soba el lomo

Y así vas todos los días al laburo a sacar ese barco adelante. Un barco al que tu jefe no le interesa sostener ni que llegue a puerto.

Hoy entonces veo con pavor gente con funciones de conducción política e institucional anunciando que se tomaron un cafecito con fulano de tal otro organismo y anuncian que hablaron de posibles futuras gestiones comunes de articulación que quizás se hagan, quién sabe, capaz.

Pero no se te ocurre ponerte a laburar en serio, LPMQLRMP… ¡No podés anunciar una reunión pedorra como acto de gobierno, como un logro! déjate de joder!

Armate una utopía y militala.

Pero si vas a ocupar un lugar de decisión gubernamental sólo por ocupar un lugar, porque ya estás operando desde la DOCTRINA DE LA RESIGNACION y tu VISION está comandada por la IMPOTENCIA, entonces dejá ese lugar a otra persona más apasionada, soñadora e inconforme q sí tenga una UTOPIA.

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